Abandonado y vulnerable: La crisis de profanaciones y delincuencia en el cementerio Cristo Salvador
El cementerio Cristo Salvador atraviesa una grave situación de deterioro que se manifiesta en la constante profanación de tumbas y en restos humanos que quedan expuestos fuera de sus fosas. Esta problemática afecta al camposanto situado en la provincia Santo Domingo, bajo la demarcación del distrito municipal de San Luis, sin que hasta el momento se observe una intervención efectiva por parte de las autoridades locales.
A pesar de las reiteradas denuncias y la profunda preocupación expresada por los familiares de los difuntos y los vecinos del sector, los reclamos ciudadanos parecen no encontrar eco en las instancias correspondientes. La falta de respuestas genera indignación entre quienes acuden regularmente a visitar a sus seres queridos y se enfrentan a un panorama de abandono absoluto.
Elpidio Pérez, un residente de 69 años que visita el camposanto cada fin de semana para honrar la memoria de su esposa, fallecida hace seis años, ha manifestado su desconcierto ante la extracción y el posterior abandono de los ataúdes sobre la tierra, una práctica que despierta sospechas y malestar en la comunidad.
Varios munícipes, que optaron por mantener el anonimato, coinciden en señalar que la carencia de vigilancia en el recinto facilita el acceso libre a personas desaprensivas que saquean las sepulturas. Ante esta vulnerabilidad, los ciudadanos exigen la implementación de un sistema de seguridad permanente que resguarde el recinto.
La legislación vigente contempla consecuencias drásticas para este tipo de acciones. Específicamente, la Ley 74-25 establece en su artículo 222 sanciones que van de dos a tres años de prisión menor y multas de nueve a 15 salarios mínimos para quienes profanen, exhumen o destruyan restos sin autorización.
Asimismo, la normativa endurece las penas con prisión mayor de cinco a 10 años y multas de 10 a 25 salarios mínimos si los actos vandálicos se realizan con fines de lucro, propósitos supersticiosos o difusión de imágenes, aplicando sanciones similares a quienes sustraigan o comercialicen ataúdes y objetos de valor.
Además de la profanación de sepulturas, los habitantes de la zona advierten que el cementerio se ha convertido en un refugio para la delincuencia. Según los testimonios, agentes policiales ingresan con frecuencia al lugar en busca de prófugos y maleantes que utilizan el espacio para ocultarse y dividir lo robado.
La problemática se completa con un marcado descuido en la infraestructura y las áreas verdes del camposanto. Gran parte del terreno permanece cubierto por maleza debido a la ausencia de labores de limpieza y mantenimiento en el recinto funerario.