Los buzos de Duquesa: el trabajo de supervivencia en el vertedero de Santo Domingo Norte
En el vertedero de Duquesa, ubicado en la localidad de Los Casabes en Villa Mella, municipio Santo Domingo Norte, operan aproximadamente 1,600 hombres y mujeres dedicados a la búsqueda, clasificación y recolección de materiales de valor económico como papel, cartón, plástico duro y metales. Este grupo, conocido popularmente como "buzos", realiza una labor que consiste en adentrarse entre los desperdicios para extraer artículos reutilizables que luego comercializan, constituyendo el último eslabón de la economía informal en los centros urbanos.
El término "buzo" surge de una analogía marítima, comparando la inmersión de un submarinista en el mar con la incursión en la basura. Estos trabajadores desempeñan un papel crucial en la recuperación inicial de residuos sólidos al abastecer a intermediarios, industrias de reciclaje y chatarreras locales, aunque operan sin un salario formal y en condiciones de extrema vulnerabilidad.
Para llegar al lugar, muchos de los recolectores esperan el paso de camiones compactadores de basura para montarse en la parte trasera. Uno de ellos, conocido como el "buzo con gorro", relata que tiene más de 20 años en este oficio de alto riesgo. Viste camisa manga larga a cuadros grises, pantalón azul, botas sucias, un gorro verde y un pasamontañas que cubre la mitad de su rostro, cargando una bolsa gigante de lona para recolectar metales.
Las ganancias de este recolector oscilan diariamente entre los 500 y 800 pesos, pudiendo alcanzar hasta 1,000 pesos según las condiciones del día. Factores como el clima y las festividades influyen en los resultados; por ejemplo, las búsquedas suelen mejorar después de los fines de semana largos o de días de lluvia, momento en el cual recogen materiales que no pudieron ser extraídos de los zafacones callejeros.
En las metaleras, los precios varían según el material: el cobre encabeza la lista con un valor de 300 pesos la libra según su pureza, seguido por el aluminio a 40 pesos, mientras que el hierro se paga a 10 pesos por libra. Sin embargo, los buzos enfrentan escasez de ciertos metales debido a que recolectores urbanos y empleados de los camiones se quedan con los materiales antes de llegar al destino final.
El entorno del vertedero se caracteriza por malos olores, descomposición de desechos y enjambres de moscas. A pesar de lo dantesco del ambiente, los trabajadores afirman que la labor les ofrece autonomía, al no contar con jefes ni horarios estrictos de entrada o salida, operando bajo códigos no escritos de respeto mutuo entre quienes recolectan diferentes tipos de materiales.
La mayoría de quienes ejercen esta actividad provienen de los sectores más pobres de los barrios circundantes como Los Casabes y Duquesa. Datos obtenidos mediante observación directa y relatos en el terreno indican que aproximadamente el 85 % de los trabajadores son haitianos con documentos, sus descendientes en situación de trámites y ex cañeros.
Quienes laboran en el vertedero se enfrentan a riesgos biológicos constantes, exposición a gases tóxicos, cortaduras con materiales punzocortantes y la ausencia de beneficios marginales como el seguro médico, lo que con el tiempo los expone a la pobreza extrema, la insalubridad y la falta de protección sanitaria.