Sector arrocero dominicano ante nuevos desafíos comerciales tras derogación de decreto
El panorama para la producción de arroz en República Dominicana ha experimentado un cambio significativo tras la emisión del Decreto 635-26 el pasado 9 de septiembre de 2026. Esta medida oficializó la derogación del Decreto 693-24, el cual regulaba los aranceles aplicables a las importaciones de este cereal, incluyendo cuotas específicas para el producto proveniente de Estados Unidos.
La decisión responde a las conversaciones sostenidas entre el Gobierno dominicano y las autoridades estadounidenses en el marco del tratado DR-Cafta. La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos había insistido en la necesidad de eliminar las restricciones previas para facilitar un mayor acceso del arroz estadounidense al mercado local.
Ante este escenario, los productores nacionales han manifestado su preocupación por el impacto que una mayor entrada de arroz extranjero pueda tener en los precios internos y en la capacidad de comercialización de la cosecha local. Actualmente, el sector arrocero dominicano cubre aproximadamente el 96 % del consumo nacional, según cifras correspondientes al año 2025.
Un punto central en el debate es la brecha de productividad entre ambas naciones. Mientras que en República Dominicana se registró un rendimiento de 5.28 toneladas por hectárea en 2024, las estadísticas indican que en Estados Unidos dicha cifra alcanza las 9.42 toneladas por hectárea, lo que genera inquietud sobre la competitividad del sector frente a las importaciones.
Para analizar los riesgos potenciales, diversos sectores han tomado como referencia la experiencia de Haití durante las décadas de 1980 y 1990. En aquel entonces, la eliminación de restricciones cuantitativas y la drástica reducción de aranceles, que pasó de un 50 % a un 3 % en 1995, provocaron un incremento masivo en las importaciones de arroz estadounidense, lo que coincidió con un estancamiento de la producción local haitiana.
El caso de Haití, que incluso motivó una autocrítica del expresidente Bill Clinton en 2010 sobre el impacto de las políticas comerciales impulsadas en ese momento, sirve como lección sobre la vulnerabilidad de los productores locales. No obstante, los expertos señalan que la realidad dominicana es distinta, ya que el país cuenta con una infraestructura agrícola más sólida y un sector organizado que mantiene niveles de producción que satisfacen la mayor parte de la demanda interna.