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El día que Gladys Gutiérrez encaró a un coronel por la desaparición de su esposo en los doce años

El día que Gladys Gutiérrez encaró a un coronel por la desaparición de su esposo en los doce años

Un episodio marcado por el dolor y la confrontación directa tuvo lugar en los primeros días de septiembre de 1969, cuando Gladys Gutiérrez de Segarra encaró al comandante del Ejército en Dajabón, el coronel José Demetrio Almonte Máyer. Al salir de la fortaleza Beller, Gutiérrez gritó de manera directa contra el militar al llamarlo asesino, tras una visita oficial para indagar sobre la suerte de su esposo.

La comitiva que acudió al recinto militar estuvo encabezada por el entonces procurador general de la República, Carlos Rafael Goico Morales, quien recibió la orden de investigar el caso tras la intensa presión pública generada por la desaparición del dirigente del Movimiento Popular Dominicano, Henry Segarra Santos. El joven activista de 25 años había sido arrestado el 25 de julio de ese mismo año debido a sus actividades revolucionarias y su labor de concientización campesina.

Durante la inspección a las celdas de la fortaleza, la comitiva, integrada también por un fiscal y periodistas, corroboró la presencia de mensajes escritos en las paredes. La propia Gladys Gutiérrez identificó la letra de su compañero en una frase grabada que señalaba que la lucha era un sacrificio y que moría sin ser libre, palabras que con los años se transformaron en un símbolo de resistencia frente al régimen.

A pesar de las diligencias realizadas por las autoridades en aquella época, el cuerpo de Segarra Santos nunca fue localizado, consolidando uno de los casos más estremecedores de la represión política durante el gobierno de Joaquín Balaguer. Investigaciones posteriores y testimonios de familiares también han apuntado a la existencia de filtraciones internas dentro de la organización política que habrían facilitado la captura del dirigente.

El incidente protagonizado por Gladys Gutiérrez ante el coronel Almonte Máyer ocurrió en plena época de temor y persecución sistemática contra la oposición de izquierda. Lejos de intimidarse por el clima político imperante, su constante activismo y reclamo de justicia llevaron a que el gobierno la deportara a Francia en 1972 junto a su pequeño hijo, en un intento por silenciar su voz.

A pesar del destierro y las dificultades del exilio, Gutiérrez continuó con su labor de denuncia internacional presidiendo comités de solidaridad y mantuvo firme su postura crítica contra las violaciones a los derechos humanos. A su retorno a la República Dominicana en 1974, se integró a la actividad política formal hasta el final de sus días, falleciendo a los 77 años de edad en el año 2015.

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